Christine de Pizan: La primera feminista de la historia

“Si las mujeres hubiesen escrito los libros, estoy segura de que lo habrían hecho de otra forma, porque ellas saben que se las acusa en falso”, escribió Christine de Pizan, la primera feminista de la historia, en sus Epístolas al dios Amor. Es que esta veneciana, francesa por adopción, ha pasado a la historia por ser la primera feminista en una época y ámbito en los que la mujer estaba subyugada por la opresión masculina a las tareas domésticas. Por entonces, las mujeres no recibían una educación semejante a la de los varones ni la misma relevancia.

Sin embargo, esta reconocida escritora que supo hacerse un lugar en la París del siglo XV tuvo la entereza de cuestionar el absurdo e histórico prejuicio de que los hombres son superiores a las mujeres. El momento propicio para hacerlo fue una célebre discusión intelectual en su época, la llamada Querelle de la Rose .

Biografía de la primera feminista de la historia: Christine de Pizan

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Primeros años: de Venecia a París

Hija de Tomasso de Pizzano, un físico (un médico, en realidad) y astrólogo veneciano, Christine nació el 11 de septiembre de 1364. Heredó de su padre el amor por la sabiduría. Desde pequeña se mostraba muy interesada por el conocimiento y las artes. Su conservadora madre quería para la pequeña una vida lejos de los estudios, dedicada solamente a ocuparse de su matrimonio y de las tareas domésticas. Al contrario, su padre fue de la idea de que su hija recibiera una educación igual que la de sus dos hijos varones. Dicha formación no sólo sería semejante, sino superior.

En 1368, Tomasso decide mudarse con su mujer y sus hijos a París. ¿El destino? La corte del rey Carlos V. Allí, el padre de Christine desempeñaría un rol importante como médico, astrólogo y fiel consejero del monarca. Todos estos servicios a cambio de una excelente mansión y una gran remuneración. La nueva vida en la capital parisina fue favorable para estimular aún más el intelecto de la pequeña Christine. Ahora no debería terminar de aprender hablar el italiano, sino que iba a aprender francés y, posteriormente, latín.

El rey dispensaba tantos favores a la familia veneciana, que pronto puso a disposición la Biblioteca Real para la joven Christine. Allí, en ese majestuoso reservorio de sabiduría, la muchacha se puso en contacto con las grandes obras clásicas. Mientras tanto, el padre aprovechaba su influencia en la corte real para asegurarle un buen futuro a su hija.

Las mutaciones de la Fortuna: del amor apasionado a la joven viudez

De esta manera, en 1379, Christine de Pizan, con quince años, contrajo matrimonio con Étienne du Castel. Era este un joven de 24 años que acababa de obtener el cargo de notario del rey. Lejos de ser un matrimonio por conveniencia, resultó ser un amor apasionado “desde la primera noche”, como dice en el verso de una de sus baladas.

La pareja estuvo realmente enamorada. De esta unión, nacieron tres hijos. Además, Éttiene estaba encantado de que su esposa fuera una amante de las bellas letras. Pero sabemos que la Fortuna es envidiosa y no soporta mucho la felicidad de nadie, sea rico o pobre, distinguido o común.

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Christine de Pizan enseñando a su hijo

En 1380, Carlos V falleció, heredando el trono su hijo, un irascible pequeño de apenas once años, que pasaría a la historia como Carlos el Loco. Pero no ejercería su mandato sino años después, cuando eludió la tutela de los regentes, entre los que se contaba su tío, Felipe el Audaz. Durante ese período, se produjo un recorte salarial que hizo que los de Pizan y du Castel se resintieran económicamente. Sin embargo, los males no terminarían ahí: en 1387 Tomasso de Pizán moriría por una enfermedad cardíaca y, tres años más tarde, en 1390, Ettiene du Castel dejaría viuda a su esposa. En medio de todas esas adversidades, jamás pasó por su cabeza casarse de nuevo para reacomodarse, sino que tomó el timón del barco para pilotarlo ella misma.

Viuda y piloto de su propia nave

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Con tan solo 25 años y demasiado joven para ser viuda, Christine de Pizan tuvo que “hacerse hombre para pilotar su nave”, como escribió posteriormente. Al frente de sus tres hijos y de su anciana madre, rehusó pedir ayuda a sus hermanos y amigos banqueros venecianos. Para enderezar la nave en medio del turbulento mar en que se había convertido su vida, se puso al frente de un scriptorium, un taller de escritura donde supervisaba el trabajo de miniaturistas, encuadernadores y escritores.

Sin embargo, esta mujer supo hacerse un espacio entre su trabajo y sus horas de estudio para dedicarse a escribir. Seríamos injustos al querer reducir su ascenso como escritora a partir de los sonetos y baladas surgidos por la muerte de su marido. Al contrario, la obra de Christine de Pizan está atravesada por la política y las críticas a la sociedad en la que vivía, sobre todo a la eterna opresión masculina que provocaba la desigualdad entre hombres y mujeres.

La primera feminista de la historia: controversia del Roman de la Rose

A partir de 1400, junto a otros intelectuales parisinos, tomó el toro por las astas y se vio envuelta en la famosa polémica Querelle de la Rose. Esta fue una controversia alrededor del Roman de la Rose, el poema que Jean de Meung extendió con cerca de 18.000 versos cargados de misoginia, haciendo de la mujer no más que un objeto de deseo sexual.

“Y que no se me reproche como locura, arrogancia o presunción el haberme atrevido, yo, una mujer, a reprehender y criticar a un autor tan sutil y a regatear elogios a su obra, cuando él, un hombre sólo, se atrevió a difamar y censurar a todo el sexo femenino sin excepción”, opuso Christine, al iniciarse la Querelle. Su intervención en el debate produjo un efecto tan grande que en 1402 se publicaría una edición con las obras completas de esta defensora y campeona de las mujeres.

En la obra de Christine de Pizan, la primera feminista de la historia, se encuentran expresiones innovadoras -que incluso hoy suscitan escándalos- como “la mujer y el hombre”, “los hombres y las mujeres” o “toda mujer y todo hombre”, con el propósito de introducir la idea de que el sexo femenino era parte integrante del género humano. Esta escritora feminista resaltaba que la desigualdad de la mujer era solamente producto de una desigualdad cultural y no natural. Las mujeres jamás podrían alcanzar los logros que obtenían los hombres si se las condenaba a las tareas del hogar.

La ciudad de las mujeres

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La obra de mayor relevancia de Christine de Pizan es, sin dudas, La Ciudad de las Damas. En esta, la autora imagina una ciudad fundada por ella junto a Razón, Justicia y Rectitud, y poblada por las más célebres mujeres de la antigüedad y la mitología. Entre ellas, se halla la poeta Safo de Lesbos, Dido, la fundadora de Cartago, y Semíramis de Babilonia. De esta manera, la escritora demuestra que la inferioridad femenina es causada únicamente por la opresión de los hombres, sin duda por aquellos que temen ser superados en saberes y ocupaciones por las mujeres.

La primera escritora feminista de la historia murió en Francia, en 1430. Las cartas que escribió en la Querelle de la Rose fueron muy importantes para poner de relieve la problemática que atravesaba la mujer y su reclamo de igualdad. Además, escribió la Epístola al dios del Amor, El libro de las Mutaciones de la Fortuna, La visión de Christine (autobiografía) y Canción en honor de Juana de Arco, de quien fue testigo de sus hazañas.

Toda la vida de Christine de Pizan fue una lucha no sólo a nivel personal (perdió un hijo recién nacido, ser viuda demasiado joven y ser el sostén de su familia), sino también a nivel político y social en la lucha contra los discursos machistas y misóginos, reclamando igualdad de oportunidades para las mujeres. Merecido es su reconocimiento como la primera escritora feminista de la historia, dado al gran aporte que hizo.


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