Zeus y la lucha por la conquista del Olimpo

Para narrar el mito de cómo Zeus logró hacerse con el trono del Olimpo y ejercer la soberanía entre el resto de los dioses y los mortales es necesario remontarse a la noche de los tiempos. Numerosos fueron los aedos y poetas que cantaban en las cortes los nacimientos, las luchas y las hazañas de los dioses, entre los que destacó Hesíodo con su Teogonía. Tomando como base este poema, este artículo describirá cómo se concibe el origen de los dioses y la asunción de Zeus como rey del Olimpo, la morada celeste de los inmortales.

En el principio era el Caos…

Antes de que hubiera mundo solamente existía el Caos, una especie de vacío primordial, del cual surgieron Gea, la Noche, el Éter y el Día, así como también Éros (el amor). De Gea (la Tierra) nacieron, sin ningún tipo de relación, Urano, el Cielo Estrellado, al Ponto, el mar, y a las Montañas. Antes de continuar es necesario recordar que para los dioses y las personificaciones de los elementos primordiales no estaba mal visto el incesto, es decir, las relaciones amorosas entre parientes. Mencionado ésto, prosigamos con el relato.

Poco tiempo después, Urano, el único que podía contener a la tierra por todas partes con sus abrazos, se unió amorosamente a su madre, la Tierra, Gea. No se sabe cuánto duró este romance, ya que los tiempos divinos son distintos de los humanos, por lo que aventurarse a decir si poco o mucho traspasa las facultades del género humano.

Sin embargo, volviendo al mito, no todo fue alegría en el seno de la Tierra y en lo más alto del Cielo, sino más bien todo lo contrario. Estas discordias tuvieron lugar luego de que Gea quedase encinta. Pero, antes de entrar en el origen de las decepciones, hay que mencionar que de la relación que tuvieron estos elementos primordiales, en primer lugar nacieron seis hijos y seis hijas, conocidos Titanes y Titánides, respectivamente. Entre los varones se hallan Oceano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto y Crono; entre las mujeres, Tía, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis. Luego de ellos, nacieron los Cíclopes y los Hecatonquiros (gigantes violentos de cien brazos)

Mito de la separación del Cielo y la Tierra

La furia de Gea tuvo como origen el desprecio que Urano sentía por sus propios hijos. Éste no dejaba a los Titanes y las Titánides salir del seno materno, de las profundidades de la tierra, mientras que a los Cíclopes y Hecatonquiros los encadenó en lo más profundo y oscuro del Tártaro. Gea, desesperada y con temor, trazó un plan para terminar con los actos de Urano. Compartió su proyecto con sus hijos, pero ninguno de ellos se animaba, salvo el más joven de ellos, Crono, el de mente retorcida.

Zeus y la conquista del Olimpo: La castración de Urano.
La castración de Urano, de Giorgio Vasari y Cristofano Gherardi.

El plan consistía en que, cuando viniera el Cielo Estrellado por la noche a compartir el lecho con la Tierra, Crono, aprovechando el descuido de su padre, saliera de un escondite y le cortara con una hoz de acero los genitales a Urano. La trampa se llevó a cabo a la perfección: Crono recogió las partes íntimas de su padre y las arrojó lejos, yendo a caer en el mar.

De esta manera, y no sin dolor, se produjo la separación entre el Cielo y la Tierra. La primera generación de dioses pudo por fin salir del seno de su madre, pero los Hecatonquiros y los Cíclopes se quedaron en el Tártaro, algo que disgustó mucho a Gea, que ya veía en Crono algunos de los tiránicos rasgos de Urano.

El nacimiento de Zeus

La infancia de Zeus.
La infancia de Zeus, de Nicolaes Pietersz.

Crono se abrió camino como soberano de los dioses por su rebeldía contra su padre. De esta manera, contrajo relaciones amorosas con su hermana Rea, con quien tuvo a Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón. Sin embargo, la relación entre Rea y Crono también tuvo un final poco feliz. Éste, como consecuencia de la advertencia que le hicieron sus padres, conocedores de los hilos del destino, de que sucumbiría por el poder de uno de sus hijos, iba comiéndose a cada uno al momento en que Rea los daba a luz. Crono no mostraba ningún escrúpulo al cometer semejantes actos, por lo cual fue conocido para la posteridad como el de retorcida mente.

Saturno devorando a un hijo. Zeus y la conquista del Olimpo
Crono devorando a uno de sus hijos. Pintura de Francisco de Goya, Saturno devorando a un hijo.

Con todo el pesar en su pecho, Rea no sabía cómo actuar, cuando, nuevamente, quedó embarazada. Ella, temerosa de que sucediera lo mismo con su sexto hijo, decidió pedir consejo a Gea y Urano. Por el consejo de estos, decidió ir a parir a una cueva, en Creta. Al dar a luz a Zeus, Rea siguió paso a paso las recomendaciones de sus padres. Tomando un pedazo de piedra con la forma de un bebé, la envolvió en pañales, la tapó con una manta y se la llevó a Crono, que no tardó ni un segundo en devorar a quien él creía el recién nacido. De esta forma, el malvado soberano creía haber logrado evitar las palabras proféticas que auguraban su derrota ante uno de sus hijos.

Zeus y la conquista del Olimpo

Mientras el astuto Crono creía que iba a poder gobernar para siempre, el pequeño Zeus era criado en la isla de Creta por la ninfa Amaltea, quien le daba de beber de su leche. Además, se fortalecía comiendo la miel de las abejas del monte Ida. Al cabo de un año, el último de los hijos de Rea alcanzó el vigor de la juventud: era ya un muchacho fortísimo, extremadamente poderoso.

Cuando Zeus sintió la plenitud de su fuerza, fue directo a enfrentar a su malvado padre. Al trabar ambos dioses el combate, el joven golpeó a Crono, quien vomitó la piedra que se había tragado y a los cinco hijos que había devorado. Debilitado éste, Zeus fue a liberar de las cadenas del Tártaro a los Cíclopes y los Hecatonquiros, siguiendo el consejo de Gea, quien le dijo que solamente con la ayuda de ellos podría vencer al despiadado Crono.

Los Cíclopes fabricaron para Hades un casco invisible y para Poseidón un poderoso tridente, con el cual podría sacudir la tierra y los mares. Además, para Zeus forjaron el trueno y el rayo para que las usara como armas de combate. En una guerra que enfrentó a los dioses de la primera generación con los de la segunda, finalmente Zeus y sus hermanos lograron vencer al astuto Crono y los Titanes, enterrándolos para siempre en lo más profundo del Tártaro, siendo los Cíclopes los ahora encargados de vigilar su encierro. Luego, Zeus y sus hermanos Hades y Poseidón lanzaron las suertes para repartirse los distintos ámbitos sobre los que reinarían: al primero le tocó el Cielo; al segundo el mundo subterráneo, y al tercero, el mar. Sin embargo, Zeus gozaría de preeminencia en el universo entero, reinando entre todos los dioses y todos los hombres.

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