Betty Ong y Amy Sweeney, las heroicas azafatas del 9/11

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Betty Ong tenía planeado, al terminar de brindar sus servicios del vuelo 11 de American Airlines, el 11 de septiembre de 2001, volvería a su hogar para irse de vacaciones junto a su familia a Hawai. Sin embargo, todo cambió para sus compañeros de la tripulación y para los pasajeros de ese vuelo. Betty Ong fue una de las azafatas que pudo contactarse a las líneas de emergencia en tierra y narrar lo que sucedía. Un grupo de cinco secuestradores, con Mohamed Atta a la cabeza, se apoderó del avión que tenía como destino la ciudad de Los Ángeles.

Betty Ong

A las 8:20 a. m., cuando el Vuelo 11 llevaba veinte minutos en el aire, el teléfono de la línea de emergencia de American Airlines sonó. La asistente en tierra preguntó por el motivo de la llamada y escuchó lo siguiente: «Muy bien, mi nombre es Betty Ong. Estoy… en el vuelo 11. Nuestro número 1 fue apuñalado. Nuestro auxiliar está apuñalado. Nadie sabe quién apuñaló a quién, y tampoco podemos levantarnos e ir hacia la clase ejecutiva en este momento porque nadie puede respirar. Y no podemos entrar en la cabina de vuelo, la puerta no se abre».

Betty Ong y Amy Sweeney
El nombre de Betty Ong inscrito en el Memorial del World Trade Center. Fotografía de Luigi Novi.

En una conversación conversación que oscilaba entre la desesperación y la formalidad, la azafata fue detallando los pormenores de la angustiante situación. Betty, con paciencia heroica, en medio de la turbulencia que se vivía a bordo del avión, aportó información crucial para que las autoridades pudieran determinar las identidades de los atacantes. La asistente de vuelo informó qué asientos ocupaban los secuestradores. La primer parte de la conversación es de dominio público. Sin embargo, la segunda parte se emitió como una de las pruebas que se llevaron a cabo en la Comisión del 11/S.

Madeline Amy Sweeney

Amy Sweeney, otra de las azafatas del vuelo 11, también pudo comunicarse. Quizás tuvo una corazonada, un presentimiento, ya que, primero, a las 7:15 a. m., le llamó por teléfono a su marido, manifestándole lo fatal que se sentía por trabajar el primer día de escuela primaria de su hija. Lamentablemente, por los desgraciados hechos que siguieron, se perdería el resto de los días de la pequeña. El avión despegó a las 8:00 a. m. Veinte minutos después, Sweeney se puso en contacto con Michael Woodward, el gerente de servicios de vuelo de Logan. En casi 25 minutos de conversación (que, a diferencia de la de Betty Ong, no fue grabada), la azafata detalló minuciosamente todo. En un momento, dijo que los secuestradores habían apuñalado a los dos auxiliares de vuelo de primera clase. También señaló: «Un secuestrador degolló a un pasajero de clase ejecutiva y parece estar muerto». Por otra parte, contó que los atacantes le habían mostrado una bomba.

Amy Sweeney y Betty Ong
El nombre de Madeline Amy Sweeney inscrito en el Memorial del World Trade Center. Fotografía de Luigi Novi.

Sobre el final de la llamada, que duró aproximadamente 25 minutos, con el avión volando muy bajo, Sweeney dijo: «Veo el agua… Veo los edificios… Veo los edificios…». La comunicación finalizó de manera desgarradora. Las últimas palabras de esta valiente azafata fueron: «¡Oh Dios mío!». Al mismo tiempo, Betty Ong rezaba: «Ruega por nosotros… Ruega por nosotros…». Las llamadas se cortaron al mismo tiempo. El vuelo 11 de American Airlines se había estrellado contra la Torre Norte del World Trade Center. Cualquiera habría perdido el dominio de sí mismo ante tal situación. Sin embargo, Amy Sweeney y Betty Ong mantuvieron la calma hasta el final.

Imagen de portada de InSapphoWeTrust, bajo licencia CC BY-SA 2.0.

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