Joan Pujol, el espía que engañó a Hitler

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Entre las fascinantes historias de coraje, compromiso y valentía que dejó la Segunda Guerra Mundial, destaca la de Joan Pujol, quien fue una pieza central en la estrategia aliada para derrotar a Hitler. Sin embargo, este audaz espía español fue, durante mucho tiempo, un desconocido en su país de origen. Como consecuencia del trato que recibió durante la Guerra Civil española por parte de fascistas y comunistas, quedó resentido con ellos. Así, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Pujol decidió ofrecer sus servicios como espía al gobierno británico. Simulando ser un fanático nazi, Pujol se contactó con la inteligencia alemana en Madrid, que lo reclutó para instalarse en Londres y formar allí una red de agentes.

Este espía no pisó nunca la capital inglesa. Desde Lisboa, y con la información extraída de una guía de viajes, Pujol engañó a los alemanes con informes de sus progresos en Londres. El gobierno británico lo reclutó como agente doble, llevándoselo a Inglaterra, desde donde Pujol, con sus convincentes informes que dosificaban información veraz para resulta creíbles, se ganó la plena confianza del alto mando alemán. Pujol, el agente Garbo para los británicos y Arabel para los alemanes, fabricó una ficticia red de espías repartida por todo el territorio británico.

El hombre clave

En el marco de la Operación Fortitude, diseñada por la inteligencia aliada (Reino Unido, Francia y los Estados Unidos), para ocultar hasta el último momento los planes de invasión en Normandía, que tendría lugar en 1944, Garbo se convirtió en una cortina de humo. El espía logró contaminar la red de inteligencia nazi al convencer a Hitler de que el grueso del desembarco se produciría en el paso de Calais, mientras que la operación en Normandía, de la que el Estado Mayor alemán estaba ya al corriente, era una mera maniobra de distracción.

Hitler cayó en la trampa de Pujol. El Führer desplegó dos divisiones acorazas y 19 de infantería en Calais, descuidando la defensa de Normandía. Cuando quiso reaccionar ya era demasiado tarde: los aliados habían logrado su objetivo. Garbo había cumplido con su misión. La astucia de este espía fue tanta que los nazis nunca fueron conscientes de la farsa. Ni siquiera después del desembarco advirtieron el engaño del agente español. La concesión de la Cruz de Hierro -alta condecoración alemana- un año después del Día D, lo demuestra.

Muerte y nueva vida en Venezuela

Pero no solamente obtuvo la mencionada condecoración alemana. En 1944, Joan Pujol fue honrado con la Orden del Imperio Británico. Una vez finalizada la guerra y por temor a represalias por parte de los nazis, el espía huyó hacia Angola y fingió su muerte. Pero el derrotero del espía no terminó en África. Recordemos que Pujol obtenía doble paga, tanto por sus servicios para los alemanes como para los británicos. Con el dinero que había ahorrado, viajó hacia América del Sur para empezar una nueva vida.

Su destino fue el municipio de Lagunillas, en Venezuela. Una vez allí, lejos de los años en los que se vio envuelto en numerosas intrigas, reinventó su vida como propietario de una librería, una tienda de regalos y hasta de un cine. Además, formó una nueva familia y tuvo dos hijos y una hija, quien falleció a la edad de 20 años.

Nadie en el viejo continente sabía que Pujol seguía con vida, ni siquiera su antigua ex esposa (de quien se había divorciado) ni los hijos que tuvo con ella. Sin embargo, en 1984, Nigel West, un escritor británico especializado en novelas de espionaje, centró su atención en el fascinante agente Garbo y se dedicó a su búsqueda, pensando que podía encontrarse por entonces vivo. El escritor, tras hallarlo, lo llevó consigo a Inglaterra, donde se reunió con viejos compañeros del MI5 (el Servicio de Seguridad del Reino Unido) y recibió muchos honores. Además, tuvo tiempo de viajar hacia España y reencontrarse con los hijos de su primer matrimonio, quienes lo creían muerto. Joan Pujol, el antiguo espía conocido como Garbo, murió en 1988 en Caracas, Venezuela.

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