Descubrimientos históricos: entre tumbas y bibliotecas

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El pasado de la humanidad se escribe a medida que se producen nuevos descubrimientos y hallazgos. Estos son aquellos que ayudaron a reconstruir la historia.

Biblioteca de Asurbanipal

Fue construida por el rey Sargón II y ampliada por el rey Asurbanipal (669-627 a. C.) en la ciudad asiria de Nínive. Durante estos dos reinados, se copiaron todas las tablillas de arcilla disponibles. Entre ellas se cuenta el famoso Poema de Gilgamesh (fechado en 2000 a. C.), el código de Hammurabi, el Enuma Elish o el pobre hombre de Nippur. El británico Austen Henry Layard la descubrió en 1845. El hallazgo de este explorador sirvió para descifrar la escritura cuneiforme, ya que la biblioteca contenía 5.000 tablillas enteras o parciales.

La tumba de Tutankamón

La tumba de Tutankamón
Howard Carter y la tumba de Tuntakamón

Los británicos Howard Carter y Lord Carnarvon ingresaron donde nadie había puesto un pie en 3.000 años. El 26 de noviembre de 1922, estos arqueólogos se adentraron en la tumba del faraón Tutankamón, en Luxor. En su interior encontraron el ataúd de oro que contenía la momia del gobernante egipcio. Cuatro meses más tarde, Carnavon murió de neumonía en El Cairo, Egipto. Durante los siguientes diez años, Carter supervisó la remoción de esos tesoros, la mayoría de los cuales están guardados en el Museo Egipcio de la ciudad capital.

Piedra Rosetta

Descubrimientos arqueológicos: la piedra Rosetta.
La piedra Rosetta, con el discurso sacerdotal en honor a Ptolomeo V. Uno de los descubrimientos más importantes, ya que permitió descifrar la escritura jeroglífica.

El hallazgo de este gran fragmento de piedra fue determinante para poder comprender los jeroglíficos egipcios. Con un peso de 760 kilos, este gran fragmento de piedra de granito fue hallado de casualidad en julio 1799. Sin embargo, no permaneció en el lugar. Un destacamento militar francés fue quien la descubrió. Posteriormente, los ingleses se la llevaron como botín de guerra a Londres, tras derrotar a las tropas napoleónicas en 1801. El francés Jean-François Champollion fue quien finalmente descifró los jeroglíficos egipcios a través de la piedra Rosetta. En el bloque son visibles tres tipos de escritura: jeroglíficos, demótico (la última fase de la escritura egipcia) y griego. El hallazgo contiene tres versiones de un decreto sacerdota en honor del faraón Ptolomeo V, datado en el año 196 a. C.

Las ruinas de Troya

Heinrich Schliemann fue un enamorado de los poemas épicos la Ilíada y Odisea. Tanta pasión sentía por las obras de Homero que llevó a cabo una exploración con el propósito de encontrar Troya. Criticado por no tener un método de trabajo y por sus descuidos que levaron a la destrucción tesoros arqueológicos, en 1873 comenzó a excavar en las colinas de Hissarlik, actual Turquía, la ciudad de la mítica guerra. Sin embargo, para su sorpresa, no encontró una, sino 11 Troyas. Todas correspondían a diferentes períodos históricos, desde los restos de una pequeña fortaleza de alrededor 3.000 a. C., hasta una Troya de la época romana.

Pompeya

Templo de Vespaciano, en Pompeya.

En el año 79 d. C., el volcán Vesubio hizo estragos en esta ciudad, considerada por muchos el sitio romano más importante. Más de 2.000 personas murieron instantáneamente. Sin embargo, la ciudad se conservó intacta, y muchas de las víctimas quedaron petrificadas. No fue sino hasta 1756 que el descubrimiento de Pompeya se llevó a cabo. Se encontraron edificios, esculturas, pinturas y otros objetos en impecables condiciones que ofrecen un testimonio invaluable de la vida cotidiana en una ciudad romana de entonces. Este es uno de los descubrimientos más importantes de la historia.

Machu Picchu

Descubrimientos: Machu Picchu
El Machu Picchu es uno de los mayores descubrimientos arqueológicos del siglo XX. Imagen de LoggaWiggler en Pixabay

Hiram Bingham (1875-1956), arqueólogo de la Universidad de Yale (EE.UU.), descubrió Machu Picchu el 24 de junio de 1911. Por primera vez, el mundo veía una construcción precolombina que no había sido alcanzada ni colonizada por el mundo colonial. Misteriosamente abandonada, algunos dicen que fue la residencia de descanso del gobernante Pachacútec. Sin embargo, Bingham evitó mencionar que, junto con el enorme hallazgo, había encontrado una inscripción que decía: «A. Lizárraga, 1902». Los descendientes de Lizárraga (un campesino peruano) reclaman que se restituya el error histórico, y evitar que Bingham, que ordenó borrar la inscripción, se lleve todo el crédito.

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